Barreras al sol
barreras al viento.
Amurallar el tiempo es la doctrina,
para aislar en su defensa el miedo,
herencia amurallada de la China.
Izada esa herramienta y ese credo,
para oponer a la concordia el muro,
que secuestre la paz en el enredo.
Muros de adobe o de cemento duro,
coronados de espinos hasta el cielo,
marginando el ideal “impuro”.
Cortinas de humo o telón de acero,
que separa corazones, ciudades
y a los padres y hermanos de su fuero.
Muros donde se esconden las verdades
de la furia y el odio de la guerra,
volviendo de esos vientos tempestades.
Engendros trasplantados en la tierra,
que marcan la frontera a sangre y fuego
y en la noche el terror cuando se cierra.
A ese muro, en laberinto ciego,
el tiempo ha de llevarlo a la ruina,
devolviendo al mundo su sosiego.
También al levantado en Palestina,
al que la vergüenza derribó en Berlín,
y al criminal de Tianammen de China.
para aislar en su defensa el miedo,
herencia amurallada de la China.
Izada esa herramienta y ese credo,
para oponer a la concordia el muro,
que secuestre la paz en el enredo.
Muros de adobe o de cemento duro,
coronados de espinos hasta el cielo,
marginando el ideal “impuro”.
Cortinas de humo o telón de acero,
que separa corazones, ciudades
y a los padres y hermanos de su fuero.
Muros donde se esconden las verdades
de la furia y el odio de la guerra,
volviendo de esos vientos tempestades.
Engendros trasplantados en la tierra,
que marcan la frontera a sangre y fuego
y en la noche el terror cuando se cierra.
A ese muro, en laberinto ciego,
el tiempo ha de llevarlo a la ruina,
devolviendo al mundo su sosiego.
También al levantado en Palestina,
al que la vergüenza derribó en Berlín,
y al criminal de Tianammen de China.
La defensa de las hordas de Caín,
reedita esa historia incasdescente,
ante un mundo incapaz de darle fin,
protegiendo en su vida al inocente.
A. López Marzo / 2009

