Foto de Maria Jesúa González
Esta historia que yo cuento,
sucedió reinando España
el Rey Juan Carlos Primero,
de bien merecida fama.
En la gran villa de Madrid,
donde dicen que hay escala
desde esta ciudad al cielo,
para el que quiera pisarla.
Vino a envecindarse aquí
un juez de limpia mirada
y que su recto proceder,
a la justicia aplicaba.
Látigo de terroristas,
de corrupción simulada
y plaga de delincuentes,
que con droga asesinaban.
Por perseguir el delito,
su fama pasó fronteras,
demostró a las dictaduras
que había justicia en la tierra.
Este jienense valiente,
también quiso ser profeta,
desenterrando el pasado
que su pueblo le rebela.
Por dar sepultura digna
a los muertos de ribera,
cazados por perdedores
en la pasada contienda.
La envidia fue su verdugo
y por ella le destierran,
con ardides leguleyos,
en un ajuste de cuentas.
Ni el fervor del pueblo llano,
en apoyo a su justeza,
impidió la villanía
de apartarle en su carrera.
Duerme tranquilo el tirano,
el”narco” sigue a su rueda,
el corrupto a su negocio
y el asesino a la espera.
Con esta vil canallada,
nuestra justicia se enreda,
pues apartando a Garzón,
se aparta de España entera.
A. López
Febrero de 2011