Foto de Maria jesús González
En los recodos del tiempo, florece
con el nacimiento de la ilusión, detrás de la mirada.
En el calor de la mano tendida,
cuando la necesidad devoró toda esperanza.
En las entrañas preñadas de futuro.
Subliminal promesa, sin condiciones ni fronteras.
En la yaga del esfuerzo desprendido.
Oasis en desiertos abonados de indiferencia.
En el fugaz mensaje, abierto a los sentidos.
Armazón de sueños aún sin recorrido.
En la mirada turbia por la tristeza ajena,
sin tablas de salvación para un destino
tatuado de maldición y huero de alegría.
En la paciente espera de acortar la lejanía,
depositaria del tesoro de los sueños realizados
y de las sombras del error, huérfano de aprendizaje.
En la fe por los dioses verdaderos, regazo seguro
para el alma invertebrada de materia y colmada de eternidad.
El centro del amor, envejecido por el arte y el cansancio,
está orbitado por la constelación de vivencias
iluminadas a la luz de un beso de felicidad,
depositado a tiempo en las mejillas de la vida.
A. López /Abril 2010