Las manos firmes se fueron en huida,
expertas en acariciar la tierra,
y en aflorar de sus entrañas vida,
ausencia de un futuro que se cierra.
Atrás quedó la experiencia dormida,
la cerca solitaria del redil
el silencio que en las casas se anida,
y el recuerdo del bullicio infantil.
Los bancos amigables de la plaza,
y a su vista, el pilón de abrevadero,
donde el recuerdo del ayer enlaza,
con la nostalgia del río y lavadero.
Los verdes cardonales y la grama,
y el alegre color de la amapola,
cubrieron los caminos y su trama,
al dejar al pueblo y a la aldea sola.
Fauna, sol y viento, únicos testigos,
del éxodo rural a la aventura,
atrás los familiares, sus amigos,
esperando a una llamada futura.
El tiempo dirá su última palabra,
el sustento, demanda imprescindible,
que emerge de la tierra que se labra,
devolverá la vida y la hará creíble,
En los lugares de tierra ayermada,
donde de nuevo, de las firmes manos,
brotaran, los olivos, y los granos,
y el amor a la tierra no olvidada, A.López Abril 2020