Este soneto quiere ser un homenaje
a la valerosa enfermera Teresa Romero,
vencedora del Ébola, perdiendo a su
mejor amigo, su mascota.
Espada
hendida en la mítica roca,
en la
esperanza del heroico trance,
que
invierta el final de la suerte loca,
y
aporte justicia hasta donde alcance.
En esta
nueva historia diferente,
no hay
épico trance ni hendida espada,
solo un
can con tristeza en la mirada,
y la
injusticia en dardo al inocente.
El
miedo no distingue al gran amigo,
que
acompaña en sus pasos al terror
cobijado
en los pliegues del abrigo.
y es sombra de sospecha sobre el mal,
la que
impulsa la prudencia hacia el error
borrando
en su inocencia al animal.
López / Octubre /2014