Para los amantes de la paz, aquellos
que labran día a día su felicidad.
Nazco para ver el sol,
luciendo en el horizonte,
en los mares, en el monte
y en los pueblos su crisol.
Vengo para ser testigo,
de la suerte del planeta,
si quieres, vente conmigo,
como aprendiz de profeta.
Soy camino temporal,
recorrido en estaciones,
traigo alegría a raudal,
no solo lamentaciones.
Llevo un premio en el zurrón,
para el que pare las bombas,
deje las crisis en sombras
y enfrente a la destrucción.
Coge mi porción de tiempo
y alíñalo a tu manera,
haz que mi alma viajera,
regale un feliz momento.
Que la suerte a ti te elija,
al gastar mi recorrido,
dar por feliz lo vivido,
será tu norte y mi liza.
Con nuestro mejor deseo
para el nuevo año que se inicia.
Mª Jesús y Antonio
Sombrasdepoesia.blogspot.com
lunes, 18 de enero de 2010
Laguna seca
En las entrañas del tiempo, arde la sed
de la reserva de plata cuarteada,
mimada por el sol y la belleza
y los vientos en tierras del Quijote.
De piedra en piedra, en roce con el barro,
entre los mimbres, àlamos y encinas,
reclaman su promesa al calendario,
las aves del migratorio paraíso.
El llanto de los ojos del Guadiana,
no es consuelo para ánades y patos,
ni el regalo de los Dioses desde el Tajo,
sostendrà en su pluma al somormujo.
El ciclo reclamado de los siglos,
ofrenda natural de ave viajera,
se mece entre el clima de las sombras
y el brocal, sanguijuela de rapiña.
Rèquien al humedal, sus pasarelas
avistadas de cortos horizontes,
despediran al visitante alado,
como el fuego, en ascua viva, al agua.
A. López /Enero de 2010
de la reserva de plata cuarteada,
mimada por el sol y la belleza
y los vientos en tierras del Quijote.
De piedra en piedra, en roce con el barro,
entre los mimbres, àlamos y encinas,
reclaman su promesa al calendario,
las aves del migratorio paraíso.
El llanto de los ojos del Guadiana,
no es consuelo para ánades y patos,
ni el regalo de los Dioses desde el Tajo,
sostendrà en su pluma al somormujo.
El ciclo reclamado de los siglos,
ofrenda natural de ave viajera,
se mece entre el clima de las sombras
y el brocal, sanguijuela de rapiña.
Rèquien al humedal, sus pasarelas
avistadas de cortos horizontes,
despediran al visitante alado,
como el fuego, en ascua viva, al agua.
A. López /Enero de 2010
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