En la esquina
de la fiesta
A Arturo
Pajuelo Rubio
1
de Mayo de 1980
In memorian
“Compañero del alma, compañero”
Miguel. Hernández
A plena luz estrenada de Mayo,
cuando la paloma aterriza el vuelo
en la ciudad abierta a la esperanza
y el canto colectivo adorna la fiesta.
Atruena la demanda insatisfecha
y un año más refresca la memoria,
que en el puño cerrado se mantiene
y del aire de libertad respira.
La marcha avanza en pacífica armonía
y se quedan estrechas las aceras,
en la mirada atenta del intruso,
que espera de su música el momento.
Ya en el tiempo alegre de retirada,
cumplido el rito y de regreso a casa,
intolerancia y drama de la mano,
inician el cántico del odio y del acero.
La calle grita, llora el desconsuelo
que la vida derrama en sus aceras.
La mano cobarde, huera de ideales,
vuelve al cobijo pleno de impunidad.
Desde el desierto blanco en los balcones,
con crespones de luto, abrazo y llanto,
le hizo grande el pueblo en la despedida,
midiendo la nobleza de su esfuerzo.
Su actividad, alegría y simpatía,
no se disuelven en nuestro recuerdo,
ni el tiempo pasado varado en tierra,
Impide alzarse en vuelo a su paloma.
Tiempo amurallado
“No he
aprendido a sufrir,
toda severidad es inhumana”.
Juan Carlos Mestre
Si el sol nace para todos los mortales
que acaban durmiendo en la misma tierra
y la vida se nutre de los mismos dones
que compartimos con el aire que viciamos.
Si las estrellas guiñan caprichosas
sus mensajes cifrados de promesas
regaladas con su luz a todos los colores
que el tiempo repartió
en la piel
curtida.
Si el mar profundo y generoso
saluda a todas las puertas
que
aún no cubre
ofreciendo el caudal de su abundancia extensa
sin límites
a la estatura de la necesidad.
Si los tallos y flores de la tierra
con sus frutos heredados
de la luz
se muestran al alcance de la mano
sin distinción
de
rango,
de fuerza bruta
y privilegio.
Esa naturaleza que nació
sin
dueño ni frontera,
se levanta herida, cortada en su horizonte
por artificios de rechazo,
incomprensión
y odio
anidados en la mente humana,
enferma
de soledad.
Barreras que dividen la hermandad de nuestra especie,
nacidas para aislar con su defensa el miedo.
Telones de acero, solo fundidos
por el tiempo
y la vergüenza.
Cortinas de humo, adobe y espino
alzados hasta el cielo.
Puertas en tierra y mar, aceradas y mentales,
cerradas al espanto de la guerra
y su
doctrina,
que amuralla el tiempo,
atenaza el vuelo de la paloma
y agiganta el
hambre
de los débiles,
La mirilla universal muestra su drama,
que encoge el corazón del Orbe
libre,
ausente,
al contemplar las sacudidas del mar
cuando devuelve el horror humano
a las fronteras arenosas de sus playas.
Paloma herida
“Tengo miedo de todo el
mundo,
del agua fría, de la muerte”.
Pablo Neruda
Extensiones anchas de agua y tierra,
surcadas por sombras anonimadas,
huyentes del terror, villas quemadas,
donde se amortiza la hiriente guerra.
Bajo el sol de oro y arrullo de las olas,
rechinar de dientes, la barca rota
al abrazo del mar que la derrota,
triste el susurro de las caracolas.
Los delfines y peces voladores,
únicos que atestiguan la aventura
y la tragedia que en el mar se anida.
Son invadidos allí, aquí invasores,
su vuelo de paloma, aquí es locura,
un reto al mundo a proteger su vida.
Memoria
En homenaje en el 70 aniversario del final
de la segunda guerra
mundial y a la memoria
de los 7.000 españoles exiliados de nuestra
guerra civil y que en su mayor parte
sucumbieron
en los campos de exterminio nazis,
entre ellos: Paulino Miguel Arroyo.
Ahora
que podemos contar los escalones,
que nos
llega la verdad llovida por el tiempo,
oculta
en la forma y el color de la miseria humana,
cuando
no quedan lágrimas vivientes
para
cobijar la esperanza y el amor robado.
Ahora
que las cifras enfrían la cercanía
y se
pueden hallar con los huesos
que el
abrigo de la tierra ha respetado,
por las
pilas de calzado sin dueño
y algún
testigo que durmió el milagro.
Ahora
que sabemos de su reto roto,
de
tocar el cielo trepando la escalera,
con el
oficio de llegar al día siguiente,
con sus
pesadas manos de granito
y las
espaldas tralladas por la muerte.
Ahora
que en los campos de grama y de amapolas
reina
el respetuoso silencio de la historia
y la
memoria heredada amortigua el espanto,
es
cuando la paloma sube y desciende a su capricho
en
vuelo, las escaleras de Gusen y Mauthausen.
A. López Nov. /2015