martes, 21 de octubre de 2014

Excalibur








               Este soneto quiere ser un homenaje
               a la valerosa enfermera Teresa Romero,
               vencedora del Ébola, perdiendo a su 
               mejor amigo, su mascota.




Espada hendida en la mítica roca,
en la esperanza del heroico trance,
que invierta el final de la suerte loca,
y aporte justicia hasta donde alcance.

En esta nueva historia diferente,
no hay épico trance ni hendida espada,
solo un can con tristeza en la mirada,
y la injusticia en dardo al inocente.

El miedo no distingue al gran amigo,
que acompaña en sus pasos al terror
cobijado en los pliegues del abrigo.

y es  sombra de sospecha sobre el mal,
la que impulsa la prudencia hacia el error
borrando en su inocencia al animal.


          López / Octubre /2014

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