Nadie borrará la primavera.
Memoria para prolongar la vida
de los herejes del lamento estéril,
en un pueblo desmembrado y roto,
empujado por atajos a su historia,
por los visionarios de un tiempo nulo.
Memoria para el que ya no cuenta
que apenas sostiene recuerdo firme,
entre testigos mudos de la noche
en que la vida se tomó a destiempo,
por una generación extinta y vana.
Memoria, para olvidar el odio,
que anidó en la razón de las trincheras,
de dos mundos hermanados, alejados,
fundidos al blasón de yugo y flechas
por la traición en mano de los sables.
Memoria para recordar qué somos,
lo que fuimos y lo que pudimos ser
como pueblo, antes de ser partido,
por el delirio ciego de las bombas
y vil intolerancia de los necios.
Memoria sobre la infamia oculta,
que reescriba la anónima partida,
de los entierros sin lágrimas de oro
en tierras de migrados cementerios
para destinos colectivos sin nombre.
Memoria de un pueblo sin amnesia,
para recordar la verdad vencida,
rescatar la identidad a la muerte
enterrada en los sórdidos ribazos,
devolviendo los nombres a su tumba.
Memoria al esfuerzo solidario,
que abrazó las débiles banderas
de la razón, en tiempos procelosos,
logrando que su gesta desprendida,
en su tierra, en la nuestra, nunca muera.
Memoria para honrar los que dejaron
fructífero rastro en su andadura,
por la senda firme de la libertad,
recordando a los ciegos sin historia
que sin su recuerdo, no hay futuro.
A.López / Abril-2009.
de los herejes del lamento estéril,
en un pueblo desmembrado y roto,
empujado por atajos a su historia,
por los visionarios de un tiempo nulo.
Memoria para el que ya no cuenta
que apenas sostiene recuerdo firme,
entre testigos mudos de la noche
en que la vida se tomó a destiempo,
por una generación extinta y vana.
Memoria, para olvidar el odio,
que anidó en la razón de las trincheras,
de dos mundos hermanados, alejados,
fundidos al blasón de yugo y flechas
por la traición en mano de los sables.
Memoria para recordar qué somos,
lo que fuimos y lo que pudimos ser
como pueblo, antes de ser partido,
por el delirio ciego de las bombas
y vil intolerancia de los necios.
Memoria sobre la infamia oculta,
que reescriba la anónima partida,
de los entierros sin lágrimas de oro
en tierras de migrados cementerios
para destinos colectivos sin nombre.
Memoria de un pueblo sin amnesia,
para recordar la verdad vencida,
rescatar la identidad a la muerte
enterrada en los sórdidos ribazos,
devolviendo los nombres a su tumba.
Memoria al esfuerzo solidario,
que abrazó las débiles banderas
de la razón, en tiempos procelosos,
logrando que su gesta desprendida,
en su tierra, en la nuestra, nunca muera.
Memoria para honrar los que dejaron
fructífero rastro en su andadura,
por la senda firme de la libertad,
recordando a los ciegos sin historia
que sin su recuerdo, no hay futuro.
A.López / Abril-2009.

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