Una explosión de luz abrió las puertas,
en mis registros tiernos de memoria,
tallados de asombro en las retinas,
ante un mundo redondo que caía.
Era un tiempo limpio de verano,
umbral de sensaciones y de vida
en un monte incendiado de la tarde,
por tonos blancos, rojos y amarillos.
Agujas de luz, cosían las encinas
a las sombras cercanas de la noche,
acunando los surcos del barbecho,
al vaivén de las ruedas giratorias
de un carro cansino y polvoriento,
tirado de una mula de labranza,
en un camino de sombras troceadas
por las musas del sol en despedida.
Concierto de silencios naturales,
con el sílvo paterno en sinfonía,
sentado al barandal puesto de mando
buscando en el camino a las estrellas.
Aquel niño-Que era yo- confundido
entre escasos enseres de mudanza,
miraba asombrado el movimiento
hacia un mundo futuro sin retorno.
El sello vital de aquel momento,
sigue engastado en la memoria
y no hay recuerdo vivo hasta ese día,
ni bautizo de luz hasta esa tarde.
A.López
Agosto / 2009

1 comentario:
un poco triste por la gran vivencia acaecida pero bueno por su experiencia
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