Poema inspirado en “el niño yuntero”
del gran poeta Miguel Hernández.
Experto cantautor sobre el arado,
perdido por el surco cada día,
tiempo de soledad que consumía,
viéndose rebasar por lo sembrado.
Su deuda con la tierra se ha saldado,
su ambición ya quedó en la besanía,
su soñada niñez, mientras dormía,
volaba hacia un futuro esperanzado.
De sol a sol, miniatura y sombrero,
como a tallos de trigo, el aire cimbrea,
y abren surcos sus manos de mulero.
El grano y la cosecha, lo primero
y el niño que creció atado a esta tarea,
le llena hoy a la historia su granero.
A. López /Enero/2012
domingo, 22 de enero de 2012
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