Vencido. Por un plato de lentejas,
dejó su alma aparcada en el desván.
A hurtadillas pasó la línea roja,
marcada con el fuego en su conciencia.
No pidió los ingredientes del menú,
ni al experto quehacer del cocinero
puso pegas en tiempos de cocido,
ni al amargo sabor para el recuerdo.
Sentados a la mesa, ya servida,
con cubiertos, propuesta y convicción,
miedo en el corazón de las lentejas,
de postre, la ambición de comensales.
Vendido. Por un precio de rebajas,
con saciadas promesas de
bolsillo,
cuando su dignidad cambió de nombre
y el hambre entro a robar en su cocina.
A. López Oct/ 2012
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