Aprendí a vivir jugando,
y jugando aprendí a soñar.
Recorrí el mundo en crucero,
en menos de ochenta días
y cansado de navegar,
desperté en medio del juego.
Una botella tumbada,
a medio llenar era el mar,
y una cáscara de nuez,
con un trébol por velamen,
el crucero en que soñé.
A López /Abril de
2014
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