El invierno alumbra la primavera.
Silente, suave, se acercó silbando,
la sierpe, que desató el mugido
del becerro de oro y berreando
este, cerró la puerta al zumbido
del ladrillo, que empujó chillando
al trepador del cielo y en su graznido,
el ave de negro avisa, que el bramido
del fuerte, el más tocado, sale aullando,
camuflado, a la espera de los trinos
que saluden la vuelta, cacareando,
de los huevos de oro y bajo su arrullo
de siseantes debates gorgorinos,
vuelven a su depredación, ladrando
al mundo su inocencia en el barullo.
A.Lopez
Febrero/ 2009
la sierpe, que desató el mugido
del becerro de oro y berreando
este, cerró la puerta al zumbido
del ladrillo, que empujó chillando
al trepador del cielo y en su graznido,
el ave de negro avisa, que el bramido
del fuerte, el más tocado, sale aullando,
camuflado, a la espera de los trinos
que saluden la vuelta, cacareando,
de los huevos de oro y bajo su arrullo
de siseantes debates gorgorinos,
vuelven a su depredación, ladrando
al mundo su inocencia en el barullo.
A.Lopez
Febrero/ 2009

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