Sueños hacia las nubes.
Escribo:
Para los profesionales de la vida,
supervivientes de la dificultad de cuna.
Gladiadores del circo urbano, sonriendo
al mundo desplomado sobre ellos.
Para el niño grande que añora el retorno
a la niñez, donde quedaron tantas cosas
sin descubrir, suspendidas en el tiempo inocente.
Para el niño chico que sueña con ser mayor,
mientras disfruta ante la cascada de una gota de rocío
resbalando sobre la médula de una hoja,
Para el mayor, desnudado de su vida
en el altar de la experiencia, intentando
sujetar su tiempo horizontal, animando
con su soplo, ya infantil, el vuelo
hacia el sol de una “mariquita”.
Para el analfabeto inconsciente, de la ciencia
modernista, apeado de la sincronía frenética del mundo,
sin poder cambiar con él los cromos repetidos
guardados en su infancia.
Para el músico del asfalto y de la playa,
que expande al viento itinerante, los alegres
acordes del arte de su mensaje, hasta agotar
el talonario del poeta.
Escribo también:
Para el que oye y escucha al mundo
en su fluir desaforado de vivencias
muertas antes de nacer.
Para el que mira al de al lado y al de enfrente
sin saber a quien atender primero en
su salvación terrena.
Para el pobre y para el rico, hermanados
al destino en el recuento final del calendario.
Para el que huye del miedo y del hambre,
traspasado de fronteras, de sombras y
silencios desvalidos.
Para los profesionales de la vida,
supervivientes de la dificultad de cuna.
Gladiadores del circo urbano, sonriendo
al mundo desplomado sobre ellos.
Para el niño grande que añora el retorno
a la niñez, donde quedaron tantas cosas
sin descubrir, suspendidas en el tiempo inocente.
Para el niño chico que sueña con ser mayor,
mientras disfruta ante la cascada de una gota de rocío
resbalando sobre la médula de una hoja,
Para el mayor, desnudado de su vida
en el altar de la experiencia, intentando
sujetar su tiempo horizontal, animando
con su soplo, ya infantil, el vuelo
hacia el sol de una “mariquita”.
Para el analfabeto inconsciente, de la ciencia
modernista, apeado de la sincronía frenética del mundo,
sin poder cambiar con él los cromos repetidos
guardados en su infancia.
Para el músico del asfalto y de la playa,
que expande al viento itinerante, los alegres
acordes del arte de su mensaje, hasta agotar
el talonario del poeta.
Escribo también:
Para el que oye y escucha al mundo
en su fluir desaforado de vivencias
muertas antes de nacer.
Para el que mira al de al lado y al de enfrente
sin saber a quien atender primero en
su salvación terrena.
Para el pobre y para el rico, hermanados
al destino en el recuento final del calendario.
Para el que huye del miedo y del hambre,
traspasado de fronteras, de sombras y
silencios desvalidos.
Para las personas anónimas, pegadas a la tierra,
disfrazando la sencillez en sus manos azules
de azafrán y de invierno.
Para el payaso, arrecife de ilusión enmascarada
en el aire de la fiesta, fundido en carcajadas
de oro y plata en el recuerdo fugaz de un día feliz.
A.López
Marzo / 2009.

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